La Paz, 21 de septiembre de 2026 (DCOM-UMSA).- En 1947, científicos subieron hasta Chacaltaya buscando respuestas sobre una partícula que la Física llevaba años intentando encontrar. A más de 5.200 metros de altura, la montaña boliviana les dio algo extraordinario, allí obtuvieron evidencias que ayudaron a confirmar la existencia del pión. Aquel hallazgo vinculó a Chacaltaya con investigaciones reconocidas posteriormente con dos Premios Nobel de Física y puso a Bolivia en el mapa científico del mundo.
Para entender su importancia hay que imaginar algo tan cotidiano como difícil de explicar en aquella época. Toda la materia que nos rodea —el cuerpo humano, el agua, el aire o una montaña— está formada por átomos. En el centro de cada átomo se encuentra el núcleo, formado por protones y neutrones que permanecen unidos. Pero hasta entonces la ciencia no comprendía con claridad qué hacía posible esa unión.
En la década de 1930, el físico japonés Hideki Yukawa propuso la existencia de una partícula relacionada con la fuerza que permitía esa unión. La teoría estaba planteada, pero faltaban evidencias experimentales contundentes. Años después, el brasileño César Lattes, que trabajaba con el grupo del británico Cecil Powell, llevó detectores hasta Chacaltaya con apoyo de Ismael Escobar, científico español que ya realizaba observaciones meteorológicas en el lugar.
Los resultados fueron sorprendentes. Mientras en una zona montañosa de los Pirineos, en Francia, se habían registrado apenas dos eventos, en Chacaltaya se registraron 30. Aquellas evidencias contribuyeron a confirmar la existencia del mesón pi, hoy conocido como pión, y los resultados fueron publicados en la revista científica Nature en 1947.
Un laboratorio cerca del cielo
La altura fue determinante. Muchas partículas que llegan desde el espacio chocan con la atmósfera y producen otras que pueden desaparecer antes de alcanzar zonas más bajas. A más de 5.200 metros, los científicos tenían mayores posibilidades de detectarlas. Chacaltaya funcionó así como un extraordinario laboratorio natural y, con el tiempo, se convirtió en un referente internacional para estudiar los rayos cósmicos y posteriormente también la atmósfera.
La historia alcanzó repercusión mundial. Hideki Yukawa recibió el Premio Nobel de Física en 1949 por su predicción teórica de los mesones y Cecil Powell lo recibió en 1950 por el desarrollo del método fotográfico para estudiar procesos nucleares y los descubrimientos realizados con ese método. César Lattes, quien trabajó junto a Powell y tuvo un papel central en los experimentos realizados en Chacaltaya, quedó como una figura fundamental de esta historia.
Pero Bolivia no se limitó a ofrecer una montaña para un gran experimento científico. A partir de aquella historia, la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) consolidó en Chacaltaya su Laboratorio de Física Cósmica, que comenzó oficialmente sus actividades en 1952. Para Ulisses Barres de Almeida, director del Centro Latinoamericano de Física (CLAF), con sede en Brasil, Chacaltaya es “cuna de la Física latinoamericana”, por el impulso que desde allí recibió la Física experimental en la región.
Más de ocho décadas después de las primeras observaciones, la historia continúa. Para el Dr. Martín Subieta Vásquez, director del Instituto de Investigaciones Físicas de la UMSA, aquel episodio abrió un camino para el crecimiento de la investigación en Bolivia. Hoy, nuevas generaciones de científicos y nuevos proyectos mantienen a la montaña produciendo conocimiento desde Bolivia para el mundo. Chacaltaya es, literalmente, una montaña que observa el universo.



